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OLEG GUBAREV

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DIVORCIARSE DE UN ESPAÑOL

Los matrimonios mixtos siempre se han caracterizado por tener dificultades adicionales a aquellas que experimentan los cónyuges que son ciudadanos del mismo país. La barrera idiomática, las diferencias culturales y los obstáculos burocráticos, no llenan ni de lejos la lista de factores capaces de acabar incluso con la más idílica relación. Y eso, por no hablar de las novias con el así llamado componente social en su motivación y de los demás tipos de relaciones matrimoniales en las cuales el amor juega un papel secundario (lea el artículo "LA VERDAD SOBRE LOS MATRIMONIOS DE CONVENIENCIA" en esta misma sección).

La posibilidad de que la duración de un matrimonio mixto sea corta, suele ser evidente incluso para los mismos novios. No en vano, muchas de nuestras clientas, ya antes de la boda nos hacen la típica pregunta de: ¿Y qué va a pasar conmigo si de repente la relación con mi marido se estropea?.

En realidad, ese sacramental de repente es la consecuencia de decidir contraer matrimonio precipitadamente, de carecer de seguridad en el futuro cónyuge y, con frecuencia, de la aparición de los primeros signos de situaciones problemáticas (el así llamado rastro de gato negro).

En tales casos, siempre aconsejamos seguir un famoso principio automovilístico, adaptándolo a esta situación de la siguiente manera: "Si no estás segura, no te cases" (de la bien conocida norma en Rusia – "si no estás seguro, no adelantes" – nota de la traductora).

Sin embargo, desgraciadamente, muy a menudo no se presta atención a los consejos útiles, y en consecuencia, la clienta acude de vuelta a nosotros mucho antes de lo que habría resultado deseable, encuentro que comienza invariablemente con la preposición sin: sin dinero, sin trabajo, sin vivienda, sin futuro en España.

Sobre lo último, es decir, sobre el futuro en España, quisiera hablar más detalladamente. Muchas veces, en mis consultas, escucho frases que mis clientas han sacado de conversaciones con sus amigas; frases del tipo: Seguro que en cuanto me divorcie, me echan del país enseguida o Mi marido español conoce a todo el mundo en la policía. Hablará con ellos y me arrestarán. Y sorprendentemente, siempre tienen a alguien que poner como estremecedor ejemplo: Aquí yo conozco a una chica a la que le pasó justo eso. Luego resulta que el aquí está en la provincia de al lado, y la chica es la conocida de una conocida, pero, ¿qué mas da? Las chicas no van a mentir, ¿no?.

En respuesta a esta terrible historia, expongo tres axiomas simples. Primero: los cónyuges de ciudadanos españoles y de países de la UE, poseen más derechos que otros extranjeros.

mujer sopesando si divorciarse o noSegundo: la legislación actual les ofrece la más amplia gama de posibilidades para conservar su derecho a residir en el país después del divorcio. Y tercero: En la práctica, el impedimento principal para que un extranjero prolongue su residencia en el país, no es la ausencia de autorización por parte de la administración española, sino la imposibilidad de estos extranjeros de integrarse por completo, debido a un conocimiento insuficiente del idioma, dificultad para encontrar trabajo, etc. De todo lo dicho, resulta evidente que el futuro en España, depende enteramente de usted y no de la renombrada tarjeta de residencia.

De hecho, sobre la tarjeta hay que hablar aparte. Bajo lo que los ciudadanos rusos conocen coloquialmente como tarjeta, o más exactamente, como tarjeta comunitaria, se entiende la autorización administrativa de residencia, expedida a ciudadanos de la UE y de los países firmantes del acuerdo del Espacio Económico Europeo, y así mismo, a los cónyuges de estos ciudadanos, independientemente de su nacionalidad. Dicho entre paréntesis, la tarjeta comunitaria se expide no sólo a los cónyuges legales, sino a los que han formalizado una pareja de hecho y también a sus parientes directos por línea descendente (hijos hasta 21 años o hijos mayores de 21 años a cargo de los padres o discapacitados, y por línea ascendente (padres a cargo de los hijos).

Dicha tarjeta permite residir en el territorio de España y trabajar tanto por cuenta ajena, como en calidad de autónomo (derecho que no se extiende a hijos mayores de 21 años ni a padres a cargo de los hijos).

En el caso de divorcio, mantener el derecho al permiso de residencia, depende en gran medida de la duración del matrimonio y de otros motivos de los que hablaré más adelante. Como duración mínima, la legislación establece 5 años, tras los cuales el cónyuge extranjero obtiene derecho a un permiso de residencia permanente y se olvida de cualquier problema relacionado con autorizaciones administrativas. Sin embargo, es plenamente evidente que marido y mujer pueden separarse antes, lo que no es nada recomendable para quien no es ciudadano de un país de la UE, ya que debido a un cúmulo de desafortunadas circunstancias (repito de

vo, en casos muy infrecuentes), puede perder su derecho a la residencia.

Si a pesar de todo, por alguna u otra causa la pareja no han logrado tenerse cariño durante esos cinco años, la ley establece otra duración mínima: 3 años desde el momento en que se contrajo matrimonio hasta que se presente la petición de divorcio, bajo la condición de que al menos hayan tenido lugar dos años de convivencia dentro del territorio español. En este caso, el cónyuge extranjero también mantiene su permiso de residencia.

Mas, si en plena tormenta pasional, usted no ha conseguido vivir junto a su cónyuge ni tres años, se presta entonces atención a los hijos comunes, los cuales pueden estar bajo su custodia por común acuerdo o como resultado de una decisión judicial. Si los hijos han quedado bajo la custodia del cónyuge español y usted tiene derecho a visitarlos periódicamente en días preestablecidos, también le sirve para mantener el permiso de residencia.

Para finalizar, si usted ha sido víctima de violencia doméstica antes de completar el mencionado período de tres años, obtendrá sin problema la deseada tarjeta.

En la práctica, tan espléndida creación de leyes conduce a situaciones absurdas (caso real), en los que la mujer se dirige a su marido con una petición: "¡Cariño! En nombre del amor que nos teníamos, hazme un último honor. Dame un par de bofetadas o no me darán la tarjeta."

Transcurrido un plazo de seis meses desde el momento en que haya tenido lugar alguno de los casos descritos, según Real Decreto 240/2007 del 16 de Febrero, existe la posibilidad de obtener el permiso de residencia de acuerdo al artículo 96 del Reglamento de la Ley de Extranjería, es decir, en base a un contrato de trabajo.

Dicho plazo puede prolongarse cuando haya que esperar una decisión judicial, que certifique los motivos por los que se mantiene el permiso de residencia (por ejemplo, por decisión judicial de transferir al otro cónyuge la custodia de los hijos o porque finalice el régimen de visitas). Hay una gran cantidad de posibilidades de obtener la tarjeta después de un divorcio. Y es por eso, que su futuro en España, está en manos de usted.

Oleg Gubarev, abogado
25 de agosto de 2007