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LA VERDAD SOBRE LOS MATRIMONIOS DE CONVENIENCIA

En la España actual, al igual que en muchos otros países europeos, la institución del matrimonio no experimenta sus mejores momentos. La aplastante mayoría de jóvenes parejas prefiere no atarse con obligaciones legales, a pesar de lo cual, su relación se diferencia bien poco de la de dos cónyuges tradicionales: comparten piso, enseres del hogar, presupuesto, y en ocasiones, incluso tienen hijos. En tales circunstancias, la creciente cantidad de matrimonios mixtos ha dado lugar a diferentes habladurías, entre las cuales se lleva la palma la de la falsedad de las intenciones de los recién casados. Sin embargo, en un mar de intereses insanos, entre cuestiones secundarias como el coste de un matrimonio de conveniencia y su punibilidad, se pierde de vista la pregunta esencial: en qué consiste un matrimonio de conveniencia y cuales son sus consecuencias.

Desde el punto de vista jurídico, la característica básica de un matrimonio falso consiste en que no hay intenciones de formar una familia. Los cónyuges saben de antemano que no van a llevar conjuntamente un hogar, que no van a tener hijos, y a menudo, que ni siquiera van a relacionarse. Además, el matrimonio falso suele tener un componente económico; es decir, que uno de los recién casados recibe dinero por haber aceptado casarse. Sin embargo, el pago por el matrimonio no siempre tiene lugar. No es poco frecuente el caso de un "servicio amistoso", cuando un español sin perspectivas de formar familia "se pone en el lugar de una infeliz extranjera" y se casa con ella por apego o compasión, basándose en el principio de "a mí ya todo me da igual, y a ella por lo menos le ayuda a resolver sus problemas". La ausencia de un equivalente económico no cambia el quid de la cuestión aun en el caso de un "servicio amistoso", ya que la diferencia radica únicamente en el motivo para casarse.

De hecho, me gustaría hablar más detalladamente sobre los motivos de los matrimonios de conveniencia. Si observamos este problema desde el punto de vista del cónyuge español, el primer lugar en el podio de las motivaciones lo ocuparía el dinero, y el segundo y tercer puesto, la compasión y una amistosa benevolencia. Aparte de las causas mencionadas, existe también un error en la comprensión del tipo de relación. En este caso, el cónyuge español quiere sinceramente formar una familia, y sin embargo, el cónyuge extranjero persigue unas metas absolutamente diferentes, las cuales esconde meticulosamente hasta que tiene lugar la boda o incluso hasta haber alcanzado el resultado deseado, como por ejemplo, el permiso de residencia o la nacionalidad.

si señoria, para mi fue amor a primera vista

Demostrar la falsedad de uno de estos matrimonios es a menudo bastante complicado, ya que sí que forman algo parecido a una familia, aunque no por un plazo largo de tiempo, y sin embargo, una relación simulada de este tipo resulta evidente. Para aclararnos, comparemos la situación arriba mencionada con un contrato de compra-venta: si usted se compra un televisor y le venden un chasis vací, la transacción resulta nula. Lo mismo ocurre en el caso del matrimonio: uno de los recién casados quiere formar una familia, y en cambio obtiene una relación tangada. Parecido, ¿no es cierto?

Si miramos el matrimonio de conveniencia con los ojos del cónyuge extranjero, los motivos resultan bastante variados. Desde mi punto de vista, el intento de los órganos españoles de reducir el problema teniendo sólo en cuenta como motivo el permiso de residencia y la nacionalidad, deja fuera un gran segmento de casos relacionados con la estafa en una esfera económica, y más precisamente, en la esfera de los bienes cómunes del cónyuge. Está muy extendida entre las mujeres la opinión de que el matrimonio, después del divorcio, les permitirá dejar al marido "sin pantalones", lo que incita a las estafadoras matrimoniales a buscar nuevas víctimas en países de bienestar y prosperidad.

Internet, portales de contactos, inglés parrucheado y una foto en ropa interior son los atributos típicos de tales "cebos para tontos". Tras el primer intercambio de cartas, la futura novia se sirve de una conmovedora descripción sobre lo mal que está de dinero y sobre la inevitable represalia que le va a caer encima por parte de su anterior esposo, de la mafia rusa y hasta de los terroristas chechenos, si se enteran de que anda tonteando con un novio extranjero dispuesto a invertir en ella, y luego, pide al bondadoso hidalgo que la libere de sus vitales problemas y que la salve de ese paí en el que reina el hambre y la enfermedad. El "salvador" comienza a sentirse como la Madre Teresa y como Richard Gere a la vez, y surge en él un irresistible deseo de enviar a la pobrecita rusa dinero para alimentos y un billete a España.

En la práctica diaria de mi trabajo he visto como algunos pretendían enviar a Volgogrado un paquete con conservas. Al parecer, alguien les había hablado de la hambruna del Bajo Volga, pero olvidando mencionar en qué siglo tuvo lugar.

La estafadora matrimonial se diferencia de las novias con un marcado componente social en sus motivos. El extendido alcoholismo y las dificultades de la vida cotidiana, junto con la idílica visión que se tiene de Europa, son unos rasgos muy presentes en la actual sociedad rusa, lo que impulsa a sus ciudadanos a emigrar al extranjero, y me atrevo a asegurar que el porcentaje de novias con tal motivación es muy alto, pues de otro modo no se puede explicar la frecuente y precipitada decisión en cuanto a casarse. Sin embargo, en este caso, dicha motivación social, al contrario que en el ámbito de las estafadoras, no influye de manera drástica en el carácter de las relaciones familiares y los matrimonios realmente se forman; los cónyuges se ocupan de la economía doméstica, tienen hijos y adquieren propiedades. Y a nadie le preocupa el hecho de que al inicio de la relación, el futuro marido fuera elegido en base a sus características financieras, por pertenecer a una sociedad más floreciente o por vivir en un país próspero en todos sus aspectos.

Distinguir un matrimonio de conveniencia de uno real resulta bastante complicado, teniendo en cuenta que en España dicho juicio ha de emitirse antes de inscribir el matrimonio en el Registro Civil. Sin posibilidad de juzgar los motivos para la boda a nivel psicológico (la oscuridad de un alma ajena), los encargados se sirven de signos secundarios, de los cuales hablaremos en un nuevo artículo en uno de los siguientes números.

Tras pasar por el Registro Civil, un matrimonio de conveniencia resulta evidente ya en el primer mes. Que los cónyuges no cumplen con las obligaciones que prescribe la ley es una señal significativa. Recordamos que el Código Civil español obliga a marido y esposa a vivir juntos, a ser fieles, a respetarse y a apoyarse uno a otro, y también a actuar en bien de los intereses familiares (art. 67 y 68 del CC). Naturalmente, la sociedad actual de tambaleantes pilares morales ya se ha ocupado de despreciar los principios que describen los artículos de la ley para no ponerlos en práctica, pero sin embargo, un matrimonio en el que los cónyuges viven separados y mantienen relaciones con terceras personas, contradice no sólo a la ley, sino al espíritu del matrimonio como tal.

Para finalizar quiero hacer hincapié en que existe mucha hipocresía en el tema que acabamos de tratar, sobre todo de parte de los cónyuges españoles. La necesidad de justificar un acto mal visto por los cánones de la sociedad, les obliga a inventarse unas circunstancias especiales que con el tiempo ellos mismos acaban creyendo, y como resultado, la ficción jurídica acaba convirtiéndose en un drama personal, que empeora con las más impredecibles consecuencias. Tenía razón el sabio que dijo que aquél que trata de engañar a otros, a menudo se engaña a si mismo.

Oleg Gubarev, abogado

Junio 2007